Capítulo Milésimo quincuagésimo quinto: Cuando se cierra una puertaa la felicidad, se abre otra; pero a menudo nos quedamos tanto tiempomirando la puerta cerrada que no vemos la que se nos ha abierto".(Hellen Keller, 1880 - 1968, escritora, activista, y oradoraestadounidense sordociega).
El otro día alguien me preguntó si me gustaba el lujo. Dado que mi carácter me hace huir como alma que lleva el diablodel despilfarro, de los excesos y de toda apariencia opulenta,brillante o lujosa (mi sueño infantil era ser invisible y aún, a estasalturas, no pierdo la esperanza de llegar a conseguirlo) mi primeracontestación fue un no rotundo. Al cabo de un rato, me di cuenta de quemi respuesta fue muy precipitada. Había asociado el lujo con elsignificado más habitual: la ostentación de la riqueza, los objetoscaros, las marcas selectas o los lugares innecesarios para la mayoría.Si hubiera meditado un poco más me habría dado cuenta de que el lujo noes sólo poseer coche, joyas, yates o mansiones. Hay una segundaacepción de la palabra que supone disponer de abundancia de tiempo ypoca necesidad de dinero. Al fin y al cabo, el lujo supremo es tener lalibertad necesaria para elegir lo que te gusta y rechazar lo que tedisgusta, decir lo que piensas, vestir como quieres y hacer en cadamomento lo que consideras más oportuno.
No tuve en cuenta quehay lujos y placeres nada sofisticados, tan sencillos y baratos comodarse un baño relajante, un paseo por el campo, caminar descalzo por latierra húmeda o dormir una buena siesta. Y no sólo son lujos esostópicos a los que siempre echamos mano cuando nos ponemos cursiscontando las virtudes de contemplar el fuego, escuchar el ruido delagua, oler el aroma de una flor o comer fruta recién cogida del árbol.También pueden ser placeres refinados -y al alcance de cualquiera-nuestras rutinas más cotidianas: despertar un domingo y asomarte a laventana para contemplar a la gente, salir a comprar el pan recién hechopara untarlo después con mermelada de calabaza (la de Helios esinsuperable) y beber un buen tazón de café con leche, mientras hojeasperezosamente el periódico al sol de mediodía, o, si es invierno y hacefrío, abrigarte con un suave jersey de lana o meterte en la camacaliente y leer un libro hasta que entras en calor y el sueño tederrota.
Es así, el placer no es un asunto de propiedades oconquistas. Se acerca más a un estado de ánimo que tienen mucho que vercon la tranquilidad, la confianza, el propio sosiego y el de cuantosnos rodean. Lo que más nos aleja de él, en consecuencia, es todoaquello que produce confusión, envidia o remordimiento.
Sí, me gusta el lujo. Ya lo dijo Sócrates (que a su vez lo tomó prestado de un graffiti en las paredes del templo de Delfos): "conócete a ti mismo, y lo demás irá sobre ruedas".
... refugios albaneses.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Noningentésimo vigésimo séptimo: "Me pregunto: ¿Que haría yo sin mí? (Manuel Garrido, 1985, filósofo y pensador)
Alguien dijo que según la edad, así ha de ser la alimentación: ni laspapillas son para hombres barbudos, ni las paellas para bebés. Nodebemos de comer sino lo que sea apropiado a nuestro momento. El tiempoacabará pasando, y lo que antes apartamos vendrá a sernos útil; nostropezaremos con las mismas palabras que antes desechábamos y lasveremos llenas de sentido. No es el texto el que cambia, sino quien lolee.
Pero no siempre. Existen unas cuantas realidades (pocas,es verdad), que han logrado permanecer inalterables con el paso deltiempo y que jamás, por su propia naturaleza de verdades absolutas,podrán ser destruidas. Y hoy en peluche descubrimos algunas de ellas.
- El médico general es el que sabe que su paciente morirá. El médico especialista es el que sabe de qué.
- Sólo quien ha comido ajo puede darnos una palabra de aliento.
- ¿Existe de verdad algo profundo? Sí, el subsuelo
- Todo el mundo es normal antes de conectarme a Internet.
- Dile a un hombre que hay 400 billones de estrellas y te creerá... dile que la pared tiene pintura fresca y la tocará...
- ¿Sed de conquista? agua de colonia.
- Si la montaña viene hacia ti, ¡ Corre, que es un derrumbe!
- Vivan los tanques... de cerveza.
- Una religión no es más que una secta con problemas de obesidad.
- La cara de un niño lo dice todo. Sobre todo, la parte de la boca.
- A los ahorcados se les hace un nudo en la garganta.
- Igual para los perros somos cosas que tiran palos...
- Autobiografía de un jamón: Yo era un cerdo pero me curé.
- Las reglas sin numerar son las mejores para medir a ojo.
- Es mejor no saber como se hacen las salchichas ni las leyes.
- Hay una delicada línea entre pescar y hacer el imbécil en un río.
- Un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta.
- Así se avanza en la vida: Primero uno cree en Papá Noel, luego uno no cree en Papá Noel, y al final uno es Papá Noel.
- Primer descubrimiento en la mañana de navidad: las pilas no estaban incluidas con el juguete.
-Primer descubrimiento en la tarde de Navidad: el niño tiene un juguetenovedoso y notará que el padre estará jugando con él mientras el niñojugará con la caja en que vino el juguete.
- Si los borrachos estuvieran en el poder lo tendríamos todo doble.
- El seguro lo cubre todo, menos lo que pasa.
- A las cuatro de la mañana nunca se sabe si se es demasiado tarde o demasiado temprano.
- El cristianismo podría ser bueno si alguien intentara practicarlo.
Noson todas, lo sé, pero son un principio. Al fin y al cabo la filosofíasólo consiste en decir refranes con palabras difíciles...
Capítulo Noningentésimo vigésimo: "La sabiduría de los ancianos es ungran error. No se vuelven más sabios, sino más prudentes (ErnestHemingway, 1898-1961, escritor estadounidense) 
Tuveyo una maestra a la que todos llamábamos la "loca" por estar un pocomás desequilibrada que la media, empañada en intentar convencernos quevivir era como comer, y que tanto en la vida como en la mesa, nos iba aalimentar verdaderamente, sólo lo que hiciéramos con atención.
Así,quien come deprisa suele comer de más, al saborear poco los alimentostiende a tragar en exceso, de ese modo se complican las digestiones yse sobrecarga el organismo. Algo parecido ocurre en la vida,cuando vamos muy deprisa y no acabamos de prestar atención a nada enconcreto: acabamos por no saborear las cosas buenas que nos rodean.
Alcabo de los años he comprendido que algo de razón llevaba la "loca",que parte del secreto para saborear la comida no es ir a toda velocidaddevorando platos sin apenas disfrutarlos, sino masticar despacio yconsiente y degustar cada sabor muy poco a poco..
Exactamente igual que ocurre cada día que tenemos que paladear la vida. Ycomo la caridad bien entendida empieza por uno mismo.. tranquilidad,hoy mucha tranquilidad en el trabajo. Toca "saborear" el lunes, aunquesu sabor suela ser bastante desagradable.
Capítulo Octingentésimo octogésimo séptimo: "Demasiado al Oeste es Este (proverbio inglés)
Eltiempo es una realidad misteriosa. Ya San Agustín escribía que si nadiele preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenas intentaba unadefinición fracasaba.
La mayoría de los pueblos primitivosjamás usaron el reloj. Se guiaban por el sol y el tiempo era la medidade lo que hacían. De ahí la calma tranquila, la atención en el cultivode sus campos, la concentración en la pesca, el mimo en el pastoreo.Algunos "antropólogos" interpretaban todo esto como ociosidad ovagancia. Y era todo lo contrario: trabajo con los cinco sentidos,contemplación activa de la realidad. Por eso conocían cientos deplantas y sus propiedades; por eso tenían nombres para muchos tipos devientos, de nubes, de lluvias. Nosotros, en cambio, dedicamosuna parte del tiempo a organizar el tiempo; otra parte a mirar elreloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra a perder el tiempo.
Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer las cosas en algo másimportante que las cosas que hay que hacer. El resultado, muchas veces,es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, se mide cuidadosamente eltiempo empleado en no hacerlas. Dicho lo cual, y en vista de lamontaña de informes, estudios, memorias, peticiones y/o papeles detodos los colores, tamaños y condiciones que adornan la mesa después deunos (tan merecidos como escasos) días de descanso, va el primer deseolaboral para el año nuevo: calma, mucha calma. Nada como lacontemplación activa de la realidad para cumplir con el deber.
Seguroque mis amadísimos jefes que son listos, inteligentes y muy, pero quemuy comprensivos, (alguno hasta tiene "estudios" y todo), entenderánperfectamente que me tome unos cuantos días "contemplativos" antes demeterme en faena. Que no quiero trabajar yo con menos sentidos que misantepasados. Profesionalidad obliga.
Y es que siempre hay tiempo cuando se deja de decir que no hay tiempo.