1001. Martes, 26 junio, 2007
Capítulo Milésimo primero: "Cuando un lobo se empeña en tener razón,pobres corderos" (Esopo, siglo VII a. de C., fabulista griego).
Dosdías, sólo dos días de calor han hecho falta para que empiece a sufrirlas consecuencias de ese artilugio infernal al que llaman aireacondicionado.
Todavía quedamos algunos detractores de esainvención diabólica; pero somos cada vez menos, arrinconados en losarrabales del desprestigio social y relegados al limbo del silenciogeneral.
Ya no basta sentir forzosamente -lo siento es centraly no se puede apagar- el aire polar en el trabajo, el progreso haquerido extender este simulacro de cámara frigorífica a todas laspartes: los cines, los restaurantes, los trenes...
Una película-como la que vi. el domingo de apenas hora y media-, se convierte enuna tortura ártica que infaliblemente, se saldará en unas cuantas horascon un resfriado. Un viaje en tren te deja medio tullido, con un dolorreumático en el costado( justo allí donde el chorrito maléfico nosestuviera escupiendo su aliento de muerte) que ya nunca se extinguirádel todo (la edad es muy mala) Una comida en un restaurante nospermitirá ingresar en el organismo, junto a las colorías de menú, unoscuantos millones de gérmenes y bacilos, generosamente suministrados poresa fábrica de inmundicias que son las máquinas de aire acondicionado.
Yasí, constipados un par de veces por verano, entumecidos por el reuma,convertidos en viveros de alergias varias, proseguimos nuestraexistencia, refrigerados, helados, completamente helados.
No lesbasta con la tortura que supone tener que venir cada mañana al trabajo,no, además tienen que atormentarnos con los gélidos chorritos -losiento es central y no se puede apagar-, su sadismo no tiene límites.
Porcierto, tal y como está hoy el ambiente no pienso ir a mear en toda lamañana. Hay órganos que valoro demasiado como para que acaben invadidospor unos sabañones. O peor.. los acabe perdiendo por congelación.

... 1.000 espermatozoides por segundo
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