1191. Miércoles, 28 mayo, 2008
Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo primero: "Los hombres másleales, más sinceros, más nobles, más candorosos y más buenos del mundose los encontró el capitán Cook en Oceanía; pero estos hombres teníanun defecto: eran antropófagos" (Julio Camba, 1882-1962; periodista yescritor español)
CuandoConrado III de Alemania puso sitio a la ciudad de Winsberg, que lehabía salido güelfa al pobre, anunció que pasaría a cuchillo a todossus habitantes. Pero cuando al fin la ciudad fue obligada a rendirsepor falta de víveres (1138) condescendió el rey a dejar salir a lasmujeres, aunque sin otro equipaje que “las prendas que más estimaran”.
Se abrieron las puertas de la ciudad y empezaron a salir lasseñoras; la primera, la condesa Ida llevando a cuestas al conde Wëlf VIde Babiera , lo que dejó asombrados a los sitiadores, no porque unaseñora tan principal hiciera de porteadora sino porque “la prenda quemás estimaba” la condesa resultó ser, además de su marido (algo que yade entrada extrañó y mucho) otros dos mozalbetes aferradosdesesperadamente a las lustrosas carnes de la señora condesa, unascarnes que, por cierto, parecían conocer a la perfección.
Las demás mujeres llevaban de igual forma a sus padres, hijos,prometidos, amantes. Era un espectáculo conmovedor. Hubo una mujervigorosa que sacó bajo un brazo a su marido, bajo el otro a su amante ya la espalda a su cuñado viudo. Muchos esposos encaramados a la espaldade su señoras tuvieron que acceder a que un joven atlético, desconocidopor ellos hasta el momento, se encaramara a su vez en sus propiasespaldas antes de que la mujer accediera a partir. Algunas puestas aelegir, dejaron en tierra al marido, sugiriéndoles que cargara conellos la madre que lo parió. Por salir, salieron hasta hombresdisfrazados de mujer acarreando a muchachos de aspecto delicado ymodales exquisitos.
En fin, fue una jornada memorable que puso en evidencia la hermosasolidaridad entre los hombres –sobre todo cuando la mitad son mujeres-la capacidad de una raza vigorosa para el acarreo y, sobre todo, labuena disposición de las alemanas para repartir amor.
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