1183. Viernes, 16 mayo, 2008
Capítulo Milésimo centésimo octogésimo tercero: "Perdona a mislabios, siempre encuentran placer en los rincones más insospechados".(Un buen año, Ridley Scott; 2006)
Quelas señoritas putas cumplen una dura, muy dura, función social esevidente. Que su trabajo es uno de los más pesados (y eso siendobenévolos) que pueden existir es indiscutible. Pero de ahí a pretender"sindicarlas" en la categoría del "metal"... no sé yo.
Durante la Segunda República a los correspondientes responsables deltema no se les ocurrió otra cosa que encuadrar a las ejercientes deloficio más viejo del mundo en el "sindicato del metal", creando además,(supongo que para no desentonar con el resto de oficios), distintascategorías según las particulares características laborales delrespetable gremio.
Las más caras, algo así como las señoras o señoritas que ejercían enprimera división, eran las "cocottes"; las "amantes" fijas de genteacomodada entraban en el epígrafe de "cortesanas"; cuando las fijaseran amantes de clase media se tenían que inscribir en el apartado de"entretenidas", mientras que las que ejercían en burdeles se agrupabanen la categoría "de mala vida" y las que tenían su puesto de trabajodirectamente en la calle tenían que inscribirse en un último apartado:"peripatéticas"
"Peripatético".. nunca hubiera encontrado yo un epígrafe mejor paraencuadrar mi situación laboral un viernes empanado -aquí, en "Madríz"-entre dos días de fiesta y en el que hasta mi sobrina de cinco años hatenido puente. El último escalón de aquellos que cambiamos nuestras(escasas) habilidades por un mísero sueldo a final del mes.
Aunque lo hagamos bajo techo.
Hasta el lunes.