1158. Martes, 8 abril, 2008
Capítulo Milésimo centésimo quincuagésimo octavo: “Aquí vendemos el calmante más antiguo del mundo” (Cartel colgado en el escaparate deuna tienda de mecedoras).
Tenemoscinco dedos en cada mano. Y, aunque forzando la cosa, cada uno de ellosacaba entrando en los agujeros de nuestra nariz (quien más y quienmenos está acostumbrado a meter cosas grandes en agujeros pequeños)sólo el meñique lo hace desahogadamente.
Teorías del por qué esto es así hay tantas como investigadores hansido capaces de perder su tiempo estudiando tan apasionante tema. Unade las que tiene más seguidores es la que afirma que el dedo meñique noha crecido tanto como los demás porque si lo hiciera dejaría de cumplirla función para la cual está destinado: la higiene nasal.
Los defensores de esta hipótesis cuentan con un argumento de peso:la selección sexual favoreció a quienes tenían el dedo meñique con uncalibre capaz de entrar sin dificultad en las fosas nasales. Segúndistintos estudios, las mujeres del Pleistoceno podrían haber preferidoaparearse con los hombres de meñique pequeño ya que así ellos podíanhurgarse las narices y mantenerlas más fácilmente limpias, algo queconsideraban un detalle de buena salud a la hora de buscar al padre desus hijos.
Ellas siempre eligiendo en función del tamaño. Luego dirán que no les importa. Ya.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"