1135. Lunes, 25 febrero, 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimoquinto: "La gente que no para de trabajar lo hace para no tener tiempode acordarse de que no tiene nada que hacer. (Francis Picabia,1879-1953; pintor francés)
Envez de aprovechar la diversidad y enriquecernos con las diferencias,tenemos, desde la comodidad de nuestro primer mundo, una corrosivatendencia a emitir juicios de valor sobre todas aquellas otras culturasque nos son ajenas o no se nos parecen. En estos tiempos demulticulturalidades, globalizaciones y mestizaje es bonito saber que enalgunos lugares aún existen hombres, mujeres y niños que celebran yrespetan sus más antiguas tradiciones.
Loque no quita para que me parezca un poco desproporcionado lasdirectrices que han establecido los mandatarios de Rajastán, una de lasmuchas regiones de la India, los cuales, excusándose en el respeto quees obligatorio guardar a las costumbres locales, han decidido prohibirque los turistas puedan hacerse cualquier tipo de demostración decariño en público. Por inocente que sea.
Nadaque objetar. Son sus costumbres locales y hay que respetarlas. Pero nodeja de chocarme que sean precisamente estas autoridades las que miranpara otro lado ante la -también- costumbre local, más extendida de loque debiera, que tienen los hombres de la región de echar ácido en lacara de las esposas que no cumplen con los deseos de su marido.
Algono me acaba de cuadrar en este discurso de respetar las señas deidentidad culturales de los pueblos. Algo no me acaba de cuadrar. Seráque es lunes. Será.
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