915. Lunes, 12 febrero, 2007
Capítulo Noningentésimo decimoquinto: "La verdad puede ser másextraña que la ficción, pero la ficción es más verdadera" (FredericRaphael, 193, escritor y guionista americano)
Picio fue un zapatero natural de Alhedín que vivió en Granadadurante la primera mitad del XIX y que (por vete tu a saber qué) fuecondenado a la pena de muerte. Mientras se encontraba en capilla apunto de que se ejecutara la sentencia, recibió la noticia de suindulto, y le causó tal impresión que se quedó sin pelo, sin cejas ysin pestañas y con la cara tan deforme y llena de tumores que la gentesalía corriendo al verle. Se retiró a la villa de Lanjarón de donde loexpulsaron porque jamás entró en la iglesia, por no quitarse el pañuelocon que cubría su calva. Volviendo a Granada, donde al poco tiempomurió.
Lo que no sé muy bien es cual ha sido la extraña asociación de ideaspor la que esta mañana, según me miraba al espejo, me acordara de estebuen hombre a quien de feo que era le tuvieron que dar la extremauncióncon caña, por lo asustado que estaba el cura.
Nada como un lunes para destrozar la autoestima. Menos mal que no le hago mucho caso.