911. Martes, 6 febrero, 2007
Capítulo Noningentésimo undécimo: "Quizás nos resulte difícilimaginarnos la manera de hacernos la vida más frustrante y compleja,pero al gobierno no le cuesta ningún trabajo". (Cullen Hightower, 1895-1993, escritor inglés)
Busquemos el lado positivo de la edad.Con los años no sólo llega la madurez, la experiencia o el sentidocomún, también empiezan a ser evidentes la torpeza en los movimientos,la imposibilidad de levantarse de la cama de un solo salto o hasta elpensarse dos veces recoger la calderilla que se te acaba de caer alsuelo.
Agacharse empieza a convertirse en una misiónimposible. Pero estábamos buscando el lado bueno del desastre. Y lohay. Si uno empieza a sentir los ruinas musculares de la edad pensemosen positivo: un mundo nuevo se abre ante nuestros ojos, una ilimitadagama de oportunidades y un sinfín de ronroneos de placer nosaguardarán.
A partir de ahora, con la misma irremediabilidadque las monjas insulinas entran en la vida de los diabéticos, podemosdisfrutar con la más creíble de las excusas (nuestra salud) de fornidoscachas acariciando nuestro cuerpo: los masajistas.
¿Qué otrovarón sería capaz de sobarnos ¡a la vez! la espalda, el culo y lacabeza sin estar loco o ser un pervertido gerontófilo? El que no seconforma es porque no quiere.Pues nada. Resulta que no encajo enninguna. Parece que los vagos talluditos cuyas únicas aspiraciones sereducen a poder disfrutar cada día de la vida sin más complicacionesque intentar ser moderadamente felices, no estamos de moda. Pues vale.