819. Jueves, 14 septiembre, 2006
Capítulo Octingentésimo decimonoveno: "Ser especial te abrepuertas,pero es la mala leche la que las mantiene abiertas." (Madonna,1958,cantante -presunta- estadounidense)
Teníayo unprofesor de esos que, además de pasarse media vida subiéndoseloscalcetines y conducir a sus -por lo menos- ciento veinte añosundeportivo rojo, era capaz de resumir todo el enciclopédico"saberhumano" en dos escuetas frases .
La primera teníasu lógica yla verdad es que no comprometía a nada; Siempre la decía muyseriomientras se pellizcándose su única ceja (que en algúnprehistóricomomento debió de estar dividida en dos). Levantandola mano ysentenciaba -sin cambiar ni una sola palabra por mucho que yalahubiera repetido antes-: "señores, (pausa grave), por comerchocolateno salen granos, pero si cuando comen chocolate a ustedes lessalengranos.. ¡coño! no coman chocolate".
La segundaafirmación eraigual de aplastante aunque me temo que los adelantos dela "técnica" lahan hecho envejecer de mala manera. Era la frase quedecía cuando seenfadaba, la frase que gritaba, la frase con la que sepodía anunciarel día del juicio final, era, en definitiva, su granfrase. A todopulmón y envuelto en el aire solemne que le daba ser "elcatedráticoemérito más antiguo de esta universidad" (y del mundo diríayo)sentenciaba: "señores (una pausa doble de la anterior), siemprequetengan delante a una mujer con edad de merecer que no menstrue,seaputa o sea monja, no se dejen engañar, está embarazada".
Como decía el otro: "si tu intención es describir la verdad, hazlocon sencillez. La elegancia déjasela al sastre".
