755. Miércoles, 10 mayo, 2006
Capítulo Septingentésimoquincuagésimo quinto: “El porqué de la forma de las pirámides esmuy simple: a medida que se iban construyendo, se acortaba elpresupuesto, se acortaba el presupuesto ....” (Jaume PerichEscala, 1940-1995, humorista español)
Ya me he quejado alguna vez de los pequeños que son los retretes en las casas modernas. No andaba yo muy descaminado.
Dicen las últimas estadísticas de accidentes caseros que hay unalarmante aumento de ingresos en urgencias por unas heridas muyconcretas: aquellas que se producen cuando la "victima" se agacha paracoger el trozo de papel del culo correspondiente y acaba "intimando",de no muy buenas maneras, con el portarrollos.
Uno, concentrado como está en la finalización de sus deposiciones, selimita casi mecánicamente a hacer el gesto de inclinarse para proveersedel papel, pero como resulta que todo está situado tan estratégicamentecerca lo que acaba es estrellando su frente, (de una manera bastantebrusca), contra el susodicho portarrollos, que encima suele teneresquinas más o menos afiladas según diseño.
La cosa tiene su gracia vista desde fuera, pero claro, poniéndose en lasituación del herido, con una brecha en la frente, los pantalones porlos tobillos, y reconozcámoslo, una postura no precisamente elegante,es fácil imaginar el bochorno primero y la vergüenza después, quetendrá que pasar el protagonista del “evento” cuando llegue a urgenciasy, entre automovilistas politraumatizados o algún que otro cuarentóncon su infarto a cuestas, tenga que relatar el origen de su muyespecial “accidente”.
Hay heridas que por mucho que puedan doler físicamente, no son nada comparadas con un orgullo machacado. Mañana más.
En "historias extra-ordinarias": medicamentos peligrosos
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