Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo noveno: “Gritar es el esfuerzo de un cerebro limitado intentado expresarse” (Ardid femenino, 1938; George Stevens)
Teniendo en cuenta que -al menos anatómicamente- la zona sensible de la vagina de la mujer apenas supone el primer tercio de la misma (un espacio tan reducido que hasta el más pequeño de los penes adultos conocidos, que media 1,8 centímetros, podría hacer un buen papel), la eterna cuestión sobre la importancia -o no- de tamaño debería ser menor para el (muy desconcertante) sexo femenino a la hora de encontrar con quien retozar. Un dato que ampliaría bastante (pero bastante) las posibilidades de ellas y, de paso, dejaría fuera de juego a más de un fantasma que se pasa la vida presumiendo de la relación entre su (supuesto) tamaño y su (aún más supuesta) capacidad para impartir placer.
Pero que no cunda el pánico entre aquellos que basan su carisma (y/o su economía) en satisfacer al sexo opuesto proclamando las (presuntas) ventajas que proporcionarían unos centímetros de más. Tienen alternativas.
En casi todas las islas del Pacífico los espantapájaros que se construyen para vigilar los campos de arroz, y que están hechos con la paja de este cereal, presentan una característica un tanto particular consistente en exhibir determinada parte anatómica de una forma especialmente desarrollada: todos ellos muestran enormes penes en erección ya que existe la creencia de que un pene así contribuye a ahuyentar a los depredadores.
Una forma de ampliar el horizonte laboral de los heteros mejor dotados: ejercer de espantapájaros el resto de su vida. Algo muy de agradecer tal y como está la cosa del empleo estable. Hasta el lunes.
(Claro.. y ahora empiezo a entender porqué a mi no se me acercaban los depredadores... era por eso...¡Huy! esto no saldrá en el post ¿no?)
... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo octavo: “El amor no haceque el mundo gire. El amor hace que el mundo merezca la pena” (JohnRuskin, 1819-1900; escritor, crítico de arte y sociólogo británico)
Hoy, y ante la crisis económica que padecemos, especial “peluche practico” con un pequeño consejo dedicado a todos los que empezamos a rozar edades peligrosas.

Pero sin pasarse que como decían en mi pueblo, "a quien vive pobre por morir rico, llámale borrico".
... la procesión va por dentro.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo séptimo: “No hacer nadaes la mejor manera de conservar toda la fe en nuestras posibilidades”(Noel Clarasó, 1899-1985; escritor español)
Mecontaba un amigo que una de las lecciones más valiosas que habíaaprendido fue la que le dio su abuela un día en que, llevándole a lacocina, cogió una patata del agua hirviendo, se la arrojó a las manos yle gritó: "-¡vamos, agárrala!"
Mientras él hacía desesperados malabarismos para no quemarse, la abuela añadió: “-nosabes qué hacer con ella, ¿verdad?, pues atento, esto es algo quetienes que recordar toda tu vida. Cuando alguien te pase una patata quete queme, ¡devuélvesela!”
Le contaba que una situación difícil de resolver, una preguntadifícil de contestar, es como una patata caliente y que durante toda suvida se encontraría con gente listas que fingirían ingenuidad, paraquedarse a la expectativa respecto a él, tratar de aprender lo que élsupiese y observar cómo él resolvía los problemas, personas que piensanque si nos dejan la patata para que sean los demás los que le denvueltas en la mano cuando más caliente está, ya no quemará tanto cuandosean ellas las que la cojan. O bien que al ver cómo se las arreglan losdemás aprenderán la manera de manejar la patata sin quemarse. Al fin yal cabo cuando hablas no haces más que repetir lo que ya sabes, pero siescuchas es posible que aprendas algo.
Además, hacer que otro coja la patata es más fácil de lo que parece, basta aprovecharse un poco de la vanidad ajena. A mi un “usted, que sabe mucho más de esas cuestiones que yo, ¿qué piensa?" me ha salvado más de una vez y más de dos de quemarme las manos con una patata.
... cosas del cerebro.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo sexto: "En las batallas te das cuenta que los planes son inservibles, pero hacer planes indispensable". (Dwight E. Eisenhower, 1890-1969; político estadounidense)
Después de varios años trabajando para los demás estoy pensando en independizarme. Sé que el asunto es arriesgado pero creo tenerlo todo bajo control.
El primer paso sería montar una empresa de trabajo temporal que me subcontratara en condiciones basura. El sentido de la iniciativa y la oportunidad por la que se rige el sistema harían que mi yo subcontratante de la primera parte compensara la ansiedad e inestabilidad de mi yo subcontratado de la segunda parte.
Lo siguiente sería abrirme un expediente de regulación de empleo que me prejubilara con la indemnización y las ayudas correspondientes. Una indemnización y unas ayudas que invertiría en investigación y desarrollo para ganar en competitividad. Llegado el momento -un par de meses máximo- saldría a bolsa para ver cómo el mercado valora la expectativa y con un poco de ingeniería financiera acabaré logrando que, tras la correspondiente opa amistosa, alguna multinacional me absorba.
En menos de un año de cabeza al Forbes. Al tiempo. Lo que no tengo muy claro es para qué.
... jaque mate.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo quinto: “Hakuna matata” (El Rey León, Roger Allers; 1994)
Morirse es caro. Especialmente para quien tiene que pagar la factura, que no suele ser el muerto.
Por eso, hoy lunes -un día adecuado para hablar de estas cosas- y en la habitual línea práctica de "Tantos hombres y tan poco tiempo",van un par de ideas, (siempre sobradamente probadas y debidamentedocumentadas), con las que poderse sacar algunos euros extras queayuden a sobrellevar tan difícil (y costoso) momento. Los duelos conpan son menos.
Si uno no es demasiado escrupuloso para estas cosas lo mejor es usarlas técnicas que trabajan (con excelentes resultados) algunas tribus deindios del Orinoco, en Venezuela: cuelgan los cadáveres en una especiede hamaca durante una semana, y con los líquidos que gotean de ellos enel proceso de descomposición, fabricaban un licor que dicen tenerpropiedades mágicas.
Los venden a precio de oro y se lo quita de las manos.
Si, en cambio, hay alguien con algún reparo a la hora de manipular directamente un fiambre,(el muerto más revoltoso siempre es infinitamente más fácil que el mástranquilo de los vivos... y lo digo por experiencia) tampoco hay quedesesperarse. Existe un amplio abanico de artículos con los que podemoshacer negocio y que cuentan, además, con la garantía de llevarcomercializándose toda la vida.
En la Edad Media, las ejecuciones de presos eran la fuente de unparticular mercado negro; se comerciaba con las sogas de la horca, quese suponía que poseían abundantes virtudes curativas. También con elsebo de los ahorcados, usadas para fabricar velas que, según se creía,podían alumbrar tesoros ocultos; y con la mandrágora, plantaconsiderada la panacea contra todas las enfermedades, que crecía, segúncreencia popular, al pie de los patíbulos, regado con el semen de losahorcados tan presente en cualquier ejecución hecha como Dios manda.
Naturalmente y dada la complejidad técnica de encontrar a principiosde mayo de 2008 algún ahorcado, sus complementos o alguna de sussecreciones, bastará con vender algunos artículos parecidos alos originales usando el convenientemente marketing. Al fin y al cabosi como dicen las estadísticas en España se gastan al año 12 millonesde euros en satanismos y magias negras, mal tiene que ponerse la cosapara que algún crédulo no sea capaz de comprarnos un trozo de poto a precio de oro pensando que es una mandrágora regada con los restos del último "homenaje" que se corrió (y nunca mejor dicho) un ahorcado. Digo yo.
... morderse la lengua.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo cuarto: “Si eres feliz,escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio demendigos. No se puede pasear la felicidad por un mundo de gente que secree desgraciada” (Alejandro Casona, 1903-1965; escritor español)
“Leer ya me gustaría. Pero ¿de dónde saco el tiempo?” me decía uno. Y otro, un semi-ejecutivo en camino de prosperar: “- Tres horas se me van en el camino de casa a la oficina. A los hijos pequeños apenas los veo”.
El tiempo es una realidad misteriosa. Ya San Agustín escribía que sinadie le preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenasintentaba una definición fracasaba. Aristóteles precisó que el tiempoes la medida del movimiento. Por eso cuando se hacen muchas cosas eltiempo es siempre rapidísimo; quien no hace nada dispone de un tiempolargísimo, interminable.
En la civilización industrial, donde se paga por horas, donde hayque fichar, donde se cobran trienios –y tantas otras realidades medidaspor el tiempo-, se ha perdido el sentido profundo del tiempo de ocio,del tiempo para contemplar, para empaparse en la realidad.
La mayoría de los pueblos primitivos no usaron reloj. Se guiaban porel sol y el tiempo era la medida de lo que hacían. De ahí la calmatranquila, la atención en el cultivo del campo, la concentración en lapesca, el mimo en el pastoreo. Algunos antropólogos interpretaron todoesto como ociosidad o vagancia. Y era todo lo contrario: trabajo conlos cinco sentidos, contemplación activa de la realidad. Por esoconocían cientos de plantas y sus propiedades; por eso tenían nombrespara muchos tipos de vientos, de lluvias, de nubes.
Nosotros dedicamos una parte del tiempo a organizar el tiempo; otraparte a mirar el reloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra aperder el tiempo. Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer lascosas en algo más importante que las cosas que hay que hacer. Elresultado, mucha veces, es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, semide cuidadosamente el tiempo empleado en no hacerlas. Y es que siemprehay más tiempo cuando se deja de decir que no hay nunca tiempo.
Uno y dos de mayo. Hasta el lunes pues.
... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Capítulo Milésimo centésimo septuagésimo tercero: “Nunca tratesde enseñar a un cerdo a cantar. Perderás el tiempo y fastidiarás alcerdo". (Proverbio ruso)
En tiempos de crisis, cualquier idea es bienvenida si sirve para ahorrar.
El faraón Menopto, que reinó en Egipto más o menos por el año III a.de C., tras vencer a sus enemigos los sirios mandó cortarles sus 13.000(trece mil) penes, trofeo que exhibió y acabó repartiendo entre sus másíntimos para demostrar su gran victoria y, ya de paso, ahorrarsealimentar a los miles de esclavos -a sus "empleados" nunca les faltaronlechugas que llevarse a la boca- que hubieran sido necesarios parafabricar otras tantas figuritas conmemorativas que el bueno de Menoptoacostumbraba a repartir cada vez que el faraón volvía victorioso.
Y es que, cuando las dificultades empiezan a aparecer, la imaginación es la mejor herramienta para enfrentarse a ellas.
El sultán Key Coubat I de los selyúcidas, una importante dinastíaturca de Oriente Próximo que gobernó el oriente musulmán por los siglosXI y XII, pasó a la historia por fabricar 300 tiendas de campaña parasu ejército con los testículos y escrotos de los 30.000 enemigoscapturados en batalla.
Y luego dicen que lo del reciclaje es un invento moderno.
... el humor de los caballos.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"